Bachillerato de excelencia, amor… y sexo?

El hombre lleva muchos siglos preocupándose por su relación con el amor y con el sexo. Pero que esta tensa unión sea milenaria no significa que siempre se haya planteado del mismo modo, por las mismas preocupaciones o con las mismas soluciones (quien quiera saber más que lea la Historia de la sexualidad de Michel Foucault).

 
El 18 de diciembre Horacio Silvestre, en calidad de director del instituto madrileño San Mateo, mandó a los padres de los alumnos integrantes del Bachillerato de Excelencia un mail. En él los recomienda que digan a sus hijos “que aparquen el amor y se centren en el trabajo”. Tal planteamiento me recuerda no tanto a la obra de William Shakespeare Romeo y Julieta (el director no quiere ocasionar “nada parecido a la historia de Romeo y Julieta, tal y como cita Pilar Alvarez, El Pais 22-12-2012) sino a  Trabajos de amor, donde tres amigos deciden olvidarse de las mujeres para centrarse en los estudios. Pero ¿estamos hablando de amor o de sexo?


El director del instituto da otra recomendación: que los adolescentes abandonen “radicalmente” cualquier “distracción perniciosa que represente un obstáculo”, tales como perder el tiempo en Internet o las redes sociales (sigo citando por el artículo de Pilar Álvarez). “Distracción”, “perniciosa”, “obstáculo”. Tales adjetivos me hacen pensar que, más que de amor, se está hablando de sexo, pero eso es sólo una suposición. Lo que no es una conjetura es que en nuestra sociedad la palabra sexo está ligada al amor, pues somos los creadores del matrimonio por amor y, por tanto, del sexo por amor. Todavía nos cuesta pensar como otras sociedades, presentes o pasadas, donde el amor y el sexo no compartían camino obligatoriamente.  Por este motivo, para un adolescente español el amor está vinculado al sexo porque la sociedad así lo ha determinado. Por tanto quiera o no, sea su intención o no, Horacio Silvestre está pidiendo a sus alumnos que se alejen de crear vínculos con otras personas, amorosos o amoroso-sexuales. El problema de este planteamiento es que el amor y el sexo son una parte de nuestra vida, que debemos experimentar en carne propia y que debemos vivir para formarnos como personas, como personas completas, “excelentes”.

 
Como bien dije al principio, la preocupación por la relación del hombre con el sexo o con su sustitutivo eufemístico, el amor, es milenaria. A algunos jóvenes de la Edad Media también se les pedía que se alejaran de la sexualidad, pero lo que se perseguía con estas recomendaciones no era ni la excelencia ni la eficiencia en los estudios. Pongamos por ejemplo los Espejos de Príncipes, un tipo de literatura dirigida a los futuros reyes y cuyo objetivo es el de formar buenos gobernantes. En muchos de ellos se recomienda a los reyes que sean castos porque eso les reportará honor, buena fama, sus buenas acciones se verán potenciadas, el pueblo lo obedecerá, lo apreciará y rogará por él, mientras que Dios le ayudará en el campo de batalla. En el otro extremo y dejando a un lado los motivos médicos, los excesos sexuales se vinculan a la pérdida de la capacidad de razonar pues la sexualidad esclaviza la inteligencia humana, priva al ser humano de su capacidad para adquirir saber. Dicho esto, parece que la relación entre saber y sexualidad no ha cambiado mucho en algunos institutos de Madrid. Pero los motivos y preocupaciones siempre cambian.

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