Caballeros medievales, caballeros sexuales

Pero en la Edad Media real el ideal de virilidad se apoyaba, entre otras cosas, en la capacidad que tenía un hombre de dejar embarazada a una mujer, y cuanto más rápido mejor. En todos los estratos y edades aparece esta afirmación de la masculinidad, aún a costa de serios problemas y procesos judiciales.

 

Hace ya un mes, la marca de preservativos Coontrol comenzó una campaña publicitaria en televisión para dar a conocer su nuevo producto, el Control easy-way. Y para ello recurrieron a la Edad Media: como no se puede mostrar a un hombre poniéndose un preservativo, haremos la demostración con caballeros medievales. ¿Qué puedo decir? Pues que ya nunca nos equivocaremos de lado al poner un condón… y que esto es un blog sobre sexo en la Edad Media.

 

El anuncio, como metáfora de la facilidad de poner un preservativo, cumple sus objetivos. También es divertido  y con varios dobles sentidos. Ahora bien ¿qué vemos en el anuncio? O mejor dicho ¿qué imagen de la Edad Media nos encontramos? Pues la que el común de los mortales podemos tener del amor cortés medieval: caballeros que mediante la exposición de sus artes quieren ganarse el amor de una dama, mientras que ellas son las respetadas protagonistas, las que eligen y deciden hasta donde llegar. La elección es bastante acertada si pensamos que ese amor cortés no estaba exento de sexualidad, pues las composiciones también tienen claros tintes eróticos al contrario de lo que se suele pensar. No obstante, todo esto también es irónico en un spot sobre preservativos. Existe la hipótesis de que en el De Amore de Andreas Capellanus, una de las obras clave del amor cortes, a lo que el autor llama amor puro no es sino la práctica del coitus interruptus.

 
Ahora bien, para la Historia de la Sexualidad el problema reside en que el amor cortés es más bien una ficción literaria donde, al contrario que con otras obras, pocos son los ecos de la realidad. Por eso no suele estar presente en los estudios de sexo en la Edad Media, aunque filólogos como James A. Schultz hayan enarbolado su defensa con bastante razón, pues aun siendo una ficción  es interesante conocerla al contener las normas de la élite que las creó, es decir, su forma de pensar y entender el mundo, incluido el sexual.

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Montaillou, aldea occitana (y sexual), de 1294 a 1324

Hace muchos años Emmanuelle Le Roy Ladurie consiguió que un libro de Historia encabezara las listas de éxitos editoriales durante muchas semanas. Ha pasado mucho tiempo desde que en 1975 Montaillou, village occitan fuera publicado, pero aún así creo que sigue ostentando el título de ser el libro de Historia (que no de divulgación histórica) más vendido y leído. Lo cual significa que es fácil de encontrar en cualquier librería y biblioteca. Es verano, tenemos vacaciones, hace demasiado calor… qué mejor que un libro? Y no uno cualquiera. Montaillou es una obra sumamente viva y amena porque integra en su cuerpo las palabras y diálogos de aquellas personas que habitaron la aldea a finales del siglo XIII y buena parte del XIV. Y, sobre todo, porque al reconstruir hasta los más mínimos detalles de la vida de aquellas personas sorprende y rompe mitos, también a nivel sexual.

 
Probablemente más de uno no se atreva a ir a la biblioteca con este calor. Bueno, siempre hay soluciones. Hace no mucho los habitantes de Montaillou fueron protagonistas de un documental de producción española (se trata del primer capítulo de Los archivos secretos de la Inquisición, dirigido por David Rabinovitch) que podemos encontrar en Youtube:

 

Tanto el documental como el libro beben de una misma fuente: los detallados interrogatorios contenidos en los registros inquisitoriales de Jacques Fournier (el que luego sería Benedicto XII). La diferencia radica en que el documental nos cuenta los hechos ocurridos en el pueblo cuando se descubre que es el último bastión del catarismo en el Languedoc. Mientras Le Roy Ladurie reconstruye la vida cotidiana, sus pensamientos, sus ideales… Pero en ambos formatos el sexo está presente.

 
En el primer capítulo de Los archivos secretos de la Inquisición se nos cuenta buena parte de la vida y obra de Pierre Clergue, el cura de la aldea. Con toda probabilidad él es uno de los protagonistas más valiosos de la Historia de la Sexualidad en la Edad Media. Para empezar su sola existencia recuerda que la solicitación en el confesionario (seducir durante el acto de la confesión a una penitente) no fue un fenómeno exclusivo de la Edad Moderna. Además, sus actos y sus palabras son testimonio de lo que también ocurría en otras partes de Europa: mantener relaciones sexuales en la iglesia sin importar la ofensa que se cometía, la preocupación por una descendencia bastarda y el uso de anticonceptivos, o la excepcional ausencia de violencia en sus relaciones sexuales.

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La Católica y el sexo

teleNo me prodigo mucho en ver la tele en horario prime time, pero en ocasiones lo hago. Así que hace unas cuantas semanas estuve viendo Isabel, la serie sobre Isabel I de Castilla, por todos conocida por el título de reina Católica, título otorgado por el Papa en 1496 (por cierto, los franceses se ganaron el de Reyes Cristianísimos).

 

La ambientación histórica deja mucho que desear, por todos los lados, algo que no es ninguna novedad en la ficción histórica española tras Hispania y Toledo. No obstante, el capítulo que yo vi fue el de la boda. La verdad es que me quedé viéndolo porque quería saber si en la serie harían lo mismo que relatan algunas crónicas: exponer en la calle la sábana donde quedaba constatada que Isabel había llegado virgen al matrimonio, acallando así cualquier rumor, consolidando su honra y afirmando que sus hijos serían de Fernando de Aragón. Pero no ocurrió. Menudo chasco. Aun así, el asesor histórico me dejó una perla que comentar aquí.

 
Muchas escenas antes de la boda (capítulo 9), Isabel afirma que en materia sexual, lo tiene todo controlado, pues eso de complacer sexualmente a Fernando cuando estén casados dependerá del día:
“Durante la Cuaresma y el Adviento no se debe complacer al marido, ni en las otras fiestas de guardar ni en las vigilias. Ni lo lunes en honor a los santos difuntos, ni los jueves en memoria de la última cena, ni los viernes en recuerdo de la crucifixión, ni lo sábados en honor a la santísima Virgen, ni los domingos tampoco, en recuerdo de la resurrección de Jesucristo -¿Y los martes y miércoles?- Sólo si no caen entre Pascua y Pentecostés. Ni cuarenta días después de Navidad, ni tres días antes de recibir sacramento.”

 

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