Diez años (o una historia de matrimonio homosexual en la Edad Media)

El 30 de junio de 2015 se cumplen diez años que España aprobó el matrimonio homosexual. Unos 690 años después que el obispo Pedro de Cuéllar plasmara sus inquietudes. Resulta que el tiempo le dió la razón sobre las uniones de personas del mismo género, irónicamente siete siglos después.

Esta historia comienza en una tarde de agosto castellana de 2007. Como inminente alumna de doctorado, me encontraba haciendo mis primeras lecturas de fuentes medievales a la búsqueda de cualquier señal de sexualidad. Por recomendación de mi director de Tesis (Hola dire!) leía una de las dos ediciones existentes del llamado catecismo de Pedro de Cuéllar, obispo de Segovia, escrito en el año 1325. El calor más que sofocante anulaba cualquier muestra de conciencia investigadora. Pero, de repente, una chispa. Desperté. ¿Era verdad lo que leían mis ojos? ¿En la Edad Media? Pedro de Cuéllar parecía estar diciendo que ni dos hombres ni dos mujeres podían acceder al matrimonio eclesiástico. Me parecía estar viviendo un revival de todo lo dicho por el clero español justo antes de que se aprovase el matrimonio homosexual. ¿A qué venía, en 1325, unas palabras que hacía dos años habían resonado en la prensa actual con la propuesta y aprobación del matrimonio homosexual? ¿Por qué un obispo como Pedro de Cuéllar, que estaba escribiendo un texto para la formación de los curas de su diócesis, hacía este tipo de comentario? Vale que Boswell había encontrado pactos y fórmulas legales bajo las cuales dos personas de un mismo sexo podían compartir su vida, como la Adelfopoiesis, pero a partir del siglo XIII las tornas cambian. Los actos sexuales homosexuales pasan a ser perseguidos por las leyes civiles, y en la vieja Hispania la leyes contra la sodomía del Liber Iudiciorum reviven. La primera mitad del siglo XIV no parecía un momento en la Historia para que un obispo segoviano tuviera miedo de la posibilidad de que dos personas del mismo sexo pactaran de cualquier modo convivir como si de un matrimonio se tratara.  Y sin embargo, ahí estaba escrito, ante mis ojos.

 
Tiempo después conocí al teólogo francés Pierre de la Palud  o de la Palude (1275-1342). Mi referencia bibliográfica indicaba que en una de sus obras la Palude había considerado necesario explicar extensamente por qué la Iglesia no permitía la unión matrimonial de personas del mismo género. Tal dedicación indicaba directamente que albergaba miedo a que se reconocieran socialmente las relaciones homosexuales por medio de algún rito nupcial. No tardé mucho en buscar la obra de Pierre de la Palud, pero en aquellos momentos no la encontré. Sin la obra de este teólogo francés a mano nada podía hacer. Y la investigación exigía que resolviera otros problemas mucho más centrales en la sexualidad medieval.

 
El tiempo trae la experiencia y esta pone las cosas en su sitio: se matiza más, se conoce mejor la bibliografía, se buscan otras posibilidades más lógicas. El corazón ya no salta como al principio y las emociones fuertes ante un documento se reducen considerablemente. ¿Y si yo estaba leyendo lo que deseaba leer? Nunca he vuelto a ver nada parecido en un confesional, catecismo o cualquier otra obra que trate sobre el matrimonio desde el año 1200 al 1550. ¿Y si Pedro de Cuéllar no se expresó correctamente y a lo que hacía referencia era a la bigamia? Ciertamente ni un hombre se puede casar con dos mujeres ni una mujer con dos hombres, y en la época en la que vivió Pedro de Cuéllar, por diversos motivos, muchos eran los que acababan más de una vez ante el altar por segunda vez sin que sus primeros cónyuges hubieran muerto. Es más fácil pensar en que la bigamia era lo que tenía en mente Pedro de Cuéllar más que un posible matrimonio homosexual. Pese a mis reticencias, esa era la posibilidad más probable, la más sencilla, pensar que el Obispo segoviano se había expresado mal o a un fallo del transcriptor medieval.

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Homosexualidad en la hoguera, medieval y actual

Simón Ruiz de los Cameros murió en la hoguera en Treviño en 1277. ¿Ardió en las llamas por ser homosexual? Parece que no porque las fuentes de las que bebe esta teoría o parten de rumores o son incompletas. Pero mientras no descubramos qué es lo que supo Alfonso X para condenar a muerte a su propio hermano y al señor e los Cameros, la teoría seguirá existiendo porque resulta impactante y creíble para la Edad Media…

 

Hacia el 27 de febrero vimos en España, sobre todo en las redes sociales, la foto de un hombre quemado vivo en Uganda. El motivo: ser homosexual. El desencadenante: la latente homofobia despertada por la aprobación de las nuevas leyes ugandesas contra la homosexualidad. Tantos comentarios sobre que Uganda iba en dirección hacia la Edad Media europea, me hicieron recordar la pragmática sanción de los Reyes Católicos contra el delito nefando, dada en Medina del Campo el 22 de agosto de 1497: “cualquier persona, de cualquier estado, condicion, preeminencia o dignidad que sea, que cometiere el delito nefando contra naturam… que sea quemado en llamas de fuego en el lugar, y por la Justicia a quien pertenesciere el conoscimiento y punicion del tal delito“.

 

No obstante, me ha sido imposible rastrear la susodicha foto en la prensa nacional española. Tanto la imagen como la noticia explicativa que debería acompañarla no aparecen en estos medios. Tal vez porque las nuevas leyes contra la homosexualidad en Uganda no condenan con la muerte las prácticas homosexuales como algunas de la Edad Media; tal vez porque la foto llevaba circulando por internet desde el 20 o 24 de diciembre de 2013 y por tanto no podían ser resultado directo de la aprobación de la ley anti-gay, o porque ha sido imposible verificar que la víctima fuese homosexual. Y es en este punto cuando la imagen de la muerte en 1277 de Simón Ruiz de los Cameros cobra relevancia: en la hoguera por homosexual.

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Todos al médico: homosexualidad, enfermedad y sexualidades deficientes

Si aceptase la homosexualidad tendría que renunciar por completo a su forma de entender la sexualidad humana desde antes de la Edad Media, basada en que esta tiene una finalidad clara que no se puede impedir físicamente: la reproducción… No insistáis, Fernando Sebastián ni vive en la Edad Media ni va a volver a ella a través de sus palabras. Lo único que manifiesta es lo que escuchó en su juventud, cercana a esos siglos XVIII y XIX que convirtieron en enfermedad buena parte de la sexualidad.

 

Fernando Sebastián, el nuevo Cardenal español, ha saltado a la palestra por sus comentarios sobre la moral y la sexualidad humana. Casi todos los medios de comunicación se han hecho eco de sus palabras, las cuales han originado numerosas críticas por identificar homosexualidad y enfermedad. Por esto mismo, en Twitter  no han faltado los comentarios aludiendo a que el Cardenal Sebastián vive en el Medievo. ¿Seguro? ¿Seguro que en la Edad Media se contemplaba la homosexualidad como una enfermedad? ¿Es sólo una colección de enfermedades lo que nos ofrece el sexo en la Edad Media?

 

Si quieres un titular explosivo, haz a un cura hablar de sexo. La entrevista a Fernando Sebastián realizada por el periódico Sur es amplia, y en ella se tocan otros aspectos polémicos: el conflicto vasco, los casos de pederastia ocultados por la Iglesia, el aborto. Pero cuando Fernando Sebastián explica  unas famosas palabras del Papa sobre los homosexuales y el cristianismo (“si una persona es gay y tiene buena voluntad… ¿Quién soy yo para juzgarla?”), el gran titular se va acercando. “El Papa… estima a todas las personas, pero no traiciona ni modifica el magisterio tradicional de la Iglesia. Una cosa es manifestar acogida y afecto a una persona homosexual y otra, justificar moralmente el ejercicio de la homosexualidad”. Efectivamente, el nuevo cardenal ha interpretado correctamente las palabras de Francisco I; sabe que es imposible (aunque se haga) recriminar a nadie, incluso a un pecador, que crea en Cristo si su intención no es mala. Pero de ahí a que la Iglesia Católica no vea moralmente reprobable la homosexualidad, hay un trecho insalvable porque “la iglesia no puede cambiar las exigencias de la moral”. ¿Y por qué no puede? Porque si aceptase la homosexualidad tendría que renunciar por completo a su forma de entender la sexualidad humana desde antes de la Edad Media, basada en que esta tiene una finalidad clara que no se puede impedir físicamente: la reproducción. Sin una sexualidad que se identifica con la reproducción, la Iglesia tendría que eliminar de la lista de pecados otras prácticas sexuales, aceptando como no pecaminosos el uso de anticonceptivos, la masturbación, el sexo oral, el sexo anal, la zoofilia… todas aquellas relaciones sexuales que buscan exclusivamente el placer y/o que imposibilitan la reproducción, que es el motivo por el cual el sexo homosexual es pecaminoso. Los pecados contra natura dejarían de existir. En otras palabras, se legitimaría directamente la búsqueda exclusiva del placer en el sexo.

 

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¿Quién no va contra natura?

Alan Delon evoca un mundo que no conoce aunque cree conocerlo. Cree saber qué es la naturaleza y no se ha parado a observarla. Preferiría creerse estoico sin pensar en las contradicciones y en lo que significa. Si el uso de anticonceptivos, la masturbación, el sexo oral, el sexo anal, los besos y caricias… casi todo en el sexo no tiene un objetivo claramente reproductivo ni nosotros tenemos tales intenciones ¿quién no va contra la naturaleza?

 

¿Qué es la naturaleza? El icono del cine francés Alain Delon parece tenerlo muy claro porque para él la homosexualidad es contra natura: “si, lo siento, es contra natura. Estamos aquí para amar a una mujer, para cortejar a una mujer, vamos… no para ligar con un tío o dejarse ligar por un tío” (“Bah oui, c’est contre-nature, je suis désolé, c’est contre-nature. On est là pour aimer une femme, pour courtiser une femme, enfin… pas pour draguer un mec ou se faire draguer par un mec“). La verdad es que estas declaraciones del actor no son nuevas en el panorama periodístico francés, como tampoco es nueva esa idea de una sexualidad que va contra la naturaleza. Pero al contrario que Alain Delon es consciente de ser percibido como “un viejo que habla”, nosotros no percibimos la antigüedad y el significado de eso de ir contra natura. Sí que solemos intuir un tinte eclesiástico en su origen, una clara referencia a la homosexualidad y hasta una referencia temporal, la Edad Media. Pero esto no es del todo exacto.

 
Los primeros siglos de nuestra era estaban invuidos por las contradiciones del mundo greco-latino en torno a la sexualidad. Por un lado era glorificada, pero por el otro era repudiada y ninguna de estas posiciones era ya nueva. Además no sólo el placer estaba mal visto, también el amor. Muchos eran los filósofos y moralistas que opinaban que las pasiones no eran estéticas, por ello las relaciones sexuales sólo se debían llevar a cabo con fines reproductivos y nunca se debía buscar el placer en ellas. Pero tal y como señala Jean-Louis Flandrin en su L´Eglise et le controle des naissances, serán los estoicos los que más se distingan en esta forma tan negativa de ver el placer sexual (e insisto, también el amor), gracias no sólo a su auge entre los siglos I y II de nuestra era, sino sobre todo por su insistencia en hacer de la conducta animal un modelo de vida natural. Es justo aquí donde aparece claramente la idea de que la sexualidad puede ir contra la naturaleza.

 
En el estoicismo la reprobación del placer sexual cristaliza en la idea de que el sexo sólo debía practicarse con el objetivo de reproducirse, tal y como hacían los animales (mejor dicho, tal y como ellos creían que hacían todos los animales, lo cual dista mucho de la realidad). Esa era la ley natural, lo que dictaba la naturaleza, una sexualidad exclusivamente reproductora. Y la búsqueda del placer quedaba completamente vedada porque el objetivo de los estoicos era liberar al hombre de todo lo que le unía a este mundo. También del amor. Sólo estaba permitido el sexo vaginal heterosexual, sin anticonceptivos, sin florituras que diesen placer y con el único objetivo de tener hijos. Aun así, estas creencias únicamente eran seguidas voluntariamente por una minoría… hasta que pasaron al cristianismo gracias, sobre todo, a Clemente de Alejandría.  De este modo la ley natural de los estoicos se situó en el origen de la moral sexual cristiana. Pero no será hasta la llegada de Tomás de Aquino en el siglo XIII cuando la expresión “contra natura” se defina claramente y hasta se ordene cómodamente.

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Clases de Historia de la Sexualidad para Yelena Isinbayeva

“Si permitiéramos e hiciéramos todas estas cosas en las calles, temeriamos por nuestra nación”. “Los rusos nos consideramos gente normal, estándar; simplemente vivimos los chicos con chicas y las chicas con chicos”. “Viene de nuestra Historia”. Mientras leía estas declaraciones de Yelena Isinbayeva no sabía exactamente qué cara poner. Para empezar, la saltadora rusa habla del miedo a la pérdida de la identidad nacional… debido a ciertas prácticas sexuales, como si el sexo, el placer y la orientación sexual entendieran de fronteras nacionales. Decidí pasar por completo de lo de  “gente normal” por razones obvias (¿quién se atreve a definir qué es lo normal? ¿Alguien es estándar?) que han prendido fuego en las redes sociales. Y acabé leyendo lo de “viene de nuestra Historia”. Querida Isinbayeva, convocar a Clio nunca es buena idea, y menos cuando hablamos de sexo.

 
No es la primera vez que escucho que la homosexualidad es algo moderno, que antes no existía… como si ese “antes” fuese un tiempo continuo, sin cambios ni evoluciones en las ideas desde que apareció el Homo Sapiens Sapiens hasta la segunda mitad del siglo XX. Incluso nuestra forma de ver el sexo, de explicar nuestra sexualidad, ha cambiado y varias veces a lo largo de la Historia. Este blog es un ejemplo de ello aunque se centre en la sexualidad en la Edad Media. No obstante han sido los legisladores rusos los que se han empeñado en grabar a fuego la idea de que existen orientaciones sexuales “no tradicionales”, aunque la idea también existe en personas de otros países como el nuestro.

 
Nuestro pasado cuenta cosas muy diferentes de cómo se entendió la sexualidad. En la Antigua Roma, por ejemplo, no existían las palabras homosexual o heterosexual. Directamente no las necesitaban porque su clasificación sexual de las personas no se regía por el con quién preferían meterse en la cama, sino si eran agentes activos o pasivos en sus relaciones sexuales. En este caso, un Romano decente siempre debía ser activo, y en el caso de que practicase sexo con otro hombre, lo correcto era que fuera el que penetrara, pero se consideraba moralmente reprobable que fuera el penetrado. ¿No es esto tradicional? Durante los siglos VII y XI el uso de Penitenciales se extendió por una parte importante de Europa Occidental. Pero su éxito no era legítimo ya que imponían una moral sexual a través de la confesión que contradecía la predicada desde las instituciones oficiales de la Iglesia. Por eso fueron prohibidos, porque no censuraban con fuerza el sexo por placer, las relaciones sexuales no procreativas y el uso de anticonceptivos. Pero se siguieron utilizando porque no había nada que los sustituyera. Entonces ¿qué hacemos si tenemos tradiciones que se contradicen hasta en un mismo espacio y tiempo? Finalmente, los estudios derivados de las ideas vertidas en la obra de John Boswell Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad: los gays en Europa indican que no fue hasta el siglo XI cuando la intolerancia frente a los homosexuales apareció en Europa Occidental, junto con la extensión de otros movimientos contra judíos, disidentes religiosos y mujeres. Así que ¿tradición desde cuándo?

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Sexo en la Antiguedad, Sexo en la Edad Media: el podcast

Salud e graçia!

 
Mi más sincera bienvenida para aquellos que han llegado a este blog de Historia de la sexualidad en la Edad Media a través de Cuadernos de Bitácora. Para aquellos que no lo sepan, Carlos Ruiz y el resto de amigos de Cuadernos de Bitácora fueron muy amables, y a la vez muy curiosos, al dedicar un podcast a la sexualidad en la Historia, exactamente en el mundo antiguo y medieval (muchas gracias a todos!) Para mí era muy importante que en ese viaje en el tiempo me acompañara Ignacio Monzón (Gratias ago!) por dos motivos. El primero, porque entre los dos abarcábamos un período de tiempo que ha sido bastante mitificado a nivel sexual: ni en la Antigua Roma eran tan liberales ni en la Edad Media eran tan castos. Y segundo, porque tendemos a olvidar que todo, absolutamente todo, tiene un pasado; y eso incluye a las ideas, los comportamientos, las actitudes. La Edad Media es heredera de Roma, y a la vez nosotros somos herederos del medievo. También a nivel sexual.

 
En este podcast os encontrareis muchas cosas sobre la sexualidad en la Edad Antigua y Medieval: cómo se entendía la moral sexual, roles sexuales, qué se podía hacer a nivel sexual y qué no, orígenes de la moral sexual cristiana, anticonceptivos, algo de moral sexual islámica, aborto e infanticidio, sexo anal como método anticonceptivo, usos de la alimentación para aumentar la líbido o para disminuirla, conocimientos anatómicos y científicos sobre el placer, masturbación, juguetes sexuales, la necesidad de controlar la sexualidad femenina, sexo oral, homosexualidad, la sexualidad del clero, el honor, pecados sexuales, el origen de mitos como el del cinturón de castidad o el derecho de pernada, pornografía, existencia y cumplimiento de las normas sexuales, enfermedades venéreas, sexo entre personas de diferente religión…

 

 

 

http://cuadernosdebitacora.com/sexoantiguedad

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