Insultos en el Twitter, realidades en la Historia

Puta, rocina, enceguladora, fodido, fududinculo… Desde la Plena Edad Media nos encontramos una y otra vez con los mismos insultos en la documentación. La mayoría de ellos son de carácter sexual,  tildando a las mujeres de putas y a los hombres de jodidos, o lo que traducido al castellano actual sería puta y maricón.

 

Hace un par de semanas, un artículo de opinión de El Periódico me llamó la atención. En él, la periodista Ana Pastor contaba su experiencia como usuaria de Twitter, una experiencia más amarga que constructiva. El inicio de su artículo eran un variado racimo de insultos y algunas amenazas dirigidos a su persona. Bueno, no tan variado, porque de los once que mostraba, cinco eran de índole sexual: puta, hija de la grandísima puta, zorra, cerda, solicito permiso para meterte en un campo de concentración en el ala de violadores inmigrantes. Primer paralelismo el día entre la actualidad y el Medievo: desde la Edad Media nuestra forma de insultar no ha cambiado y, por tanto, su relación con la sexualidad.

 

Puta, rocina, enceguladora, fodido, fududinculo… Desde la Plena Edad Media nos encontramos una y otra vez con los mismos insultos en la documentación. La mayoría de ellos son de carácter sexual,  tildando a las mujeres de putas y a los hombres de jodidos, o lo que traducido al castellano actual sería puta y maricón. Tanto ayer como hoy, estos insultos basan su fuerza en indicar que las mujeres son promiscuas y los hombres poco viriles, es decir, en atacar los ideales de sexualidad femenina y masculina que la sociedad lleva siglos asignando: por un lado mujeres castas, recatadas y asexuales, por el otro hombres viriles, penetradores, sexuales. Desde el siglo XII en la Castilla medieval, si se podía demostrar con testigos que tales palabras insultantes habían sido pronunciadas, se denunciaban los hechos, se iba ante el juez y este, con la ley en la mano, solía imponer una multa y obligar al denunciado a retractarse de sus palabras.

 

Pero las palabras de Ana Pastor, un impecable relato de su experiencia y sensaciones con Twitter, no era una forma de liberarse  de su dolor o de denunciar los hechos acaecidos. Su objetivo era mostrar lo irónico que resultaba que el ministro del Interior anunciara que había que investigar Twitter porque es un lugar “donde se insulta y amenaza“, y que se diera cuenta sólo cuando la red social se hacía eco de la muerte de la presidenta de la Diputación de León. El caso de Ana Pastor, que denunció los insultos y amenazas y la Justicia determinó que no eran delito, es uno de entre otros muchos. Segundo paralelismo del día entre realidad y Medievo: “debe ser que no todos somos iguales“.

(más…)

¿Quién no va contra natura?

Alan Delon evoca un mundo que no conoce aunque cree conocerlo. Cree saber qué es la naturaleza y no se ha parado a observarla. Preferiría creerse estoico sin pensar en las contradicciones y en lo que significa. Si el uso de anticonceptivos, la masturbación, el sexo oral, el sexo anal, los besos y caricias… casi todo en el sexo no tiene un objetivo claramente reproductivo ni nosotros tenemos tales intenciones ¿quién no va contra la naturaleza?

 

¿Qué es la naturaleza? El icono del cine francés Alain Delon parece tenerlo muy claro porque para él la homosexualidad es contra natura: “si, lo siento, es contra natura. Estamos aquí para amar a una mujer, para cortejar a una mujer, vamos… no para ligar con un tío o dejarse ligar por un tío” (“Bah oui, c’est contre-nature, je suis désolé, c’est contre-nature. On est là pour aimer une femme, pour courtiser une femme, enfin… pas pour draguer un mec ou se faire draguer par un mec“). La verdad es que estas declaraciones del actor no son nuevas en el panorama periodístico francés, como tampoco es nueva esa idea de una sexualidad que va contra la naturaleza. Pero al contrario que Alain Delon es consciente de ser percibido como “un viejo que habla”, nosotros no percibimos la antigüedad y el significado de eso de ir contra natura. Sí que solemos intuir un tinte eclesiástico en su origen, una clara referencia a la homosexualidad y hasta una referencia temporal, la Edad Media. Pero esto no es del todo exacto.

 
Los primeros siglos de nuestra era estaban invuidos por las contradiciones del mundo greco-latino en torno a la sexualidad. Por un lado era glorificada, pero por el otro era repudiada y ninguna de estas posiciones era ya nueva. Además no sólo el placer estaba mal visto, también el amor. Muchos eran los filósofos y moralistas que opinaban que las pasiones no eran estéticas, por ello las relaciones sexuales sólo se debían llevar a cabo con fines reproductivos y nunca se debía buscar el placer en ellas. Pero tal y como señala Jean-Louis Flandrin en su L´Eglise et le controle des naissances, serán los estoicos los que más se distingan en esta forma tan negativa de ver el placer sexual (e insisto, también el amor), gracias no sólo a su auge entre los siglos I y II de nuestra era, sino sobre todo por su insistencia en hacer de la conducta animal un modelo de vida natural. Es justo aquí donde aparece claramente la idea de que la sexualidad puede ir contra la naturaleza.

 
En el estoicismo la reprobación del placer sexual cristaliza en la idea de que el sexo sólo debía practicarse con el objetivo de reproducirse, tal y como hacían los animales (mejor dicho, tal y como ellos creían que hacían todos los animales, lo cual dista mucho de la realidad). Esa era la ley natural, lo que dictaba la naturaleza, una sexualidad exclusivamente reproductora. Y la búsqueda del placer quedaba completamente vedada porque el objetivo de los estoicos era liberar al hombre de todo lo que le unía a este mundo. También del amor. Sólo estaba permitido el sexo vaginal heterosexual, sin anticonceptivos, sin florituras que diesen placer y con el único objetivo de tener hijos. Aun así, estas creencias únicamente eran seguidas voluntariamente por una minoría… hasta que pasaron al cristianismo gracias, sobre todo, a Clemente de Alejandría.  De este modo la ley natural de los estoicos se situó en el origen de la moral sexual cristiana. Pero no será hasta la llegada de Tomás de Aquino en el siglo XIII cuando la expresión “contra natura” se defina claramente y hasta se ordene cómodamente.

(más…)

Los Sonetos Lujuriosos (y medievales) de Pietro Aretino

Es muy probable que hayáis oído hablar alguna vez de Pietro Aretino y sus Sonetos Lujuriosos. Él fue el autor de unos poemas que acompañaban a unos gravados, I Modi (Las Posturas), sexualmente muy explícitos, basados en unos dibujos de Giulio Romano. Corría el año 1527 cuando se editaron por primera vez y de manera conjunta los sonetos con las  imágenes, pues estas ya habían circulado solas en una edición anterior. No se conserva ningún libro original de ambas tiradas. La primera fue perseguida hasta la destrucción por el Papa, y el editor y estampador Marcantonio Raimondi pasó un breve tiempo en la cárcel.

 
Puesto que una imagen vale más que mil palabras, las diferentes versiones de los Modi son más conocidas que sus acompañantes versados los Sonetos Lujuriosos. Y aún así estos son mucho más valiosos y sorprendentes para la Historia de la Sexualidad. Muchos dirían que no fueron creadas en 1527, es decir, por una persona que vivió (1492-1556) en un mundo que seguía siendo medieval en sus estructuras mentales y, por supuesto, sexuales. Y aún así, cuando nos adentramos en lo que fue la sexualidad medieval no nos parecen tan extrañas. Descarnadas, impúdicas, escandalosas, pero no de una sexualidad imposible en aquel tiempo.

 
Toda lectura recomendada ha de ser acompañada de una serie de advertencias. Los Sonetos Lujuriosos de Pietro Aretino han sido traducidos al castellano varias veces, pero ya sea por intentar respetar la rima ya sea por su carga sexual, no es fácil encontrar una traducción que no aligere el contenido o, directamente, lo transforme. Así pues, si vais a ir a la biblioteca u os vais a servir de internet, buscad una versión bilingüe y comparad. Tampoco debéis de olvidar que Pietro Aretino escribió esos sonetos inspirado por los Modi, esas imágenes que mostraban a parejas en diferentes posturas sexuales, siempre en pleno acto sexual. Así pues, su alta carga sexual se debe a que nunca ocurren en los prolegómenos del sexo (el jugueteo, la seducción, las caricias…) sino que los protagonistas hablan al inicio del coito o durante este. Son conversaciones de amantes justo en ese momento, puras y duras: esta postura me está matando, esta me está encantando, qué quieres hacer, qué grande la tienes, por ahi no… Y es que esto no tiene nada de particular, ni hoy ni a inicios del siglo XVI; por ser medievales o renacentistas si se quiere, no tienen que ser más retóricos, o menos claros, o no hablar. No somos más que ellos, diferentes pero no más.

 
Aunque nos lo parezca, el contenido de los Sonetos de Aretino no cruzan la frontera de la sexualidad medieval y es esto lo más llamativo de ellos. Por ejemplo no hay sexo oral, el pene es el gran protagonista anatómico y el sexo es ante todo de penetración. No son novedosos estos rasgos pues son claros exponentes de su época, aunque no por ello los Sonetos dejan de ser llamativos y provocadores, como la diversidad de juicios y opiniones que se vierten a lo largo de los sonetos sobre el placer anal, ninguno de ellos moral y todos a su vez claros y crudos.

(más…)

Sexo en la Edad Media agradecido… y blasfemo

A eso de la 1 de la mañana del 17 de junio de 2013 alcancé mi objetivo: 1000 personas han entrado más de una vez en www.sexomedieval.com. Creo que no está nada mal para un blog que arrancó hace apenas 5 meses y 20 días: 5837 visitantes y más de 8670 páginas leídas. Y es que esas 1000 visitas son importantes; son 1000 personas que han entrado más de una vez no por una curiosidad efímera sino porque les ha gustado este blog dedicado al sexo en la Edad Media desde el punto de vista científico. A esas mil personas, mil gracias.

 
Mucha gente me ha animado y ayudado con el blog. Fer tuvo la idea, me convenció y animó para llevarla a cabo e hizo que no me desesperara o abandonara (sí, tenías razón). Oscar lo diseñó. Y muchos de vosotros lo compartisteis en Twitter y en Facebook, especialmente los chicos de Harca. Los de SerHistoria no sólo lo mencionaron en la entrevista, sino que también lo colgaron en su blog. Otros habéis comentado los posts ayudándome a enriquecer su contenido. Y algunos me habéis mandado noticias, webs, imágenes, dudas y sugerencias, que se han convertido en un sustento importante (y exitoso) de las entradas de este blog. Mención especial para la gente de Santiago de Chile, que gracias a sus visitas han situado su ciudad en la cuarta urbe que más me visita y a su país en el segundo puesto; nunca pensé que cruzaría el charco de ese modo. Finalmente agradecer a todos los que habéis comprado mi libro ya que ese dinero lo invierto en pagar las fotocopias de los diversos archivos que visito. And last but not least, a los que entráis cada semana.

 
Tengo mucho por lo que agradecer. Vosotros sois este blog y a mí escribir en él me ayuda con mi investigación de sexualidad en la Edad Media, con mi Tesis, de diferentes formas: revisar con nuevos ojos la bibliografía, recordar temas que hace tiempo no toco, reflexionar sobre diferentes problemas, volver a poner en valor nuevos temas e, incluso, descubrir otros nuevos. Esto no tiene precio. Entonces ¿cómo daros las gracias?

 
No lo sé la verdad. Tal vez con algo especial, algo llamativo, de esas cosas del sexo en la Edad Media que te dejan sin respiración. La verdad es que durante estos años de Tesis he visto cosas que nunca pensé que vería: recetas para abortar de lo más sencillas; hechizos de magia proporcionados por un italiano para meterte en la cama de cualquier mujer aun con su marido al lado; curas solicitadores antes del siglo XVI; historias de seducción y de acoso sexual heterosexual y homosexual; el sacerdote que tuvo que escribir al vaticano porque le habían cortado los genitales los familiares de su amante; monasterios femeninos clausurados por graves faltas contra la moral sexual; una mujer fustigada por quedarse embarazada del marido de su hermana; las lesbianas más antiguas de la Historia en Castilla, condenadas a morir desmembradas; sexo en la viña, en el monte, en el corral o en el desván; un hombre acusado falsamente de colocar a una burra en un agujero para así poder mejor fornicar con ella; hombres y mujeres desesperados buscando abortivos; unas adolescentes cantando una canción obscena;  jóvenes que preferían estar un dia con una prostituta y al día siguiente con otra que estar casados; violadores que después de perpetrar el acto acompañaban a su víctima a casa mientras la pedían una “segunda cita” como si tal cosa; historias de alcahuetería a la altura de Trotaconventos; divorcios porque la relación era insostenible; perdón de cuernos a mujeres adúlteras; violadores en serie; el hombre que fue a casa de unos musulmanes a convertirlos y acabó en la cama con una integrante de la familia; gente preguntando en pleno acto al otro si estaba llegando al orgasmo o no; abusos sexuales a criados; un hombre que vivía con su mujer, sus hijas y su amante; prostitutas contratadas para saber si un hombre era o no impotente… Todas estas cosas me han sorprendido, pero sólo una de ellas tiene el honor de ser la que más me ha impresionado.

(más…)

Obscenidades y realidades medievales

Año 1541. Corral de Almaguer, al este de la actual provincia de Toledo. Tres amigas adolescentes van por un camino cantando, dándoles igual que un vecino del pueblo, que también va por el mismo camino, las escuche. El destino hará que este pequeño hecho, que nada tiene de raro, sea relatado un año después por el vecino ante los jueces. Con su testimonio se pretendía afianzar la idea de que una de esas chicas,  la hija de los Bonolla, no tenía nada de “doncella honesta y virgen“: que se escapaba por las noches de casa de sus padres a hurtadillas, que la habían visto salir corriendo de dentro de una carreta en la que, probablemente, estaba retozando con un joven. Entonces, y volviendo a esa tarde de 1541 por los caminos de Corral de Almaguer ¿qué era lo que cantaban esas tres adolescentes?  “Yo tras después que no jodo, áspero tengo el coño; después que no jodo a pierna tendida, áspero tengo el coño como una ortiga”. ¿¿Qué?? Cuando lo leí no sabía si comenzar a reír o ponerme a pensar. Decidí hacer lo segundo, pues me encontraba en un archivo llevo de gente (saludos a l@s chic@s del AHN!).

 
Que siempre hayan existido canciones obscenas no es algo que sorprenda, pues siempre ha habido unas normas de buen gusto que saltarse y desafiar. Que las protagonistas sean unas adolescentes ya no me extraña después de todo lo que le leído, y me hace replantearme que más bien hemos cambiado poco, para sorpresa nuestra. Lo insólito y lo sorprendente de la canción no es su impudicia, sino que desde el punto de vista médico no estaban diciendo ninguna barbaridad.

 
En la Edad Media muchos manuales de anatomía afirmaban que, para que el semen masculino llegase al útero, la naturaleza había dotado a la vagina de unas pequeñas rugosidades que permitían que la semilla masculina no resbalase hacia el exterior. Pero estas rugosidades podían desaparecer si la mujer era sexualmente muy activa. De esta teoría anatómica nace la idea de que las prostitutas no se quedaban embarazadas porque, con el uso, su vagina había quedando lisa (para más información sobre esta sorprendente capacidad de las prostitutas medievales podeis ver el post Sexo medieval, Ser Historia y métodos anticonceptivos (eficaces) en la Edad Media).

(más…)

El origen, sexual, de la expresión “poner la mano en el fuego”

Hace ya unas cuantas semanas, justo cuando estalló el escándalo de los sobres y la financiación ilegal del PP, escuché decir a María Dolores de Cospedal que ella pondría la mano en el fuego por Mariano Rajoy. Fue escuchar la expresión “poner la mano en el fuego” y viajar en el tiempo: sexo, Edad Media, honra…. Me imaginé y pensé muchas cosas durante unos segundos, hasta que recobre la consciencia de que estaba en el año 2013 y no a finales del siglo XII en Cuenca. Hoy por hoy “poner la mano en el fuego” es una frase hecha, pero tiene un claro origen medieval con un alto componente sexual en Castilla.

 
Poner la mano en el fuego era un tipo de ordalía o Juicio de Dios. Puesto que en aquellos tiempos no existían las sutiles pruebas de los delitos a los que nos tienen acostumbrados las series de televisión, para un juez saber qué era lo que había pasado era harto complicado, por no decir imposible. Los testigos, como hoy, podían ser comprados o no querer dañar sus propios intereses. También se podía recurrir a la tortura, pero es evidente que con ese procedimiento la verdad tampoco afloraba. Así que recurrían a Dios. Al supuesto culpable se le hacía meter la mano en aguar hirviendo, en una hoguera, sujetar un hierro candente… esperando a que, si era inocente, Dios o los santos intervinieran e hicieran curar rápidamente la herida provocada, motivo por el cual se prohibia que la quemadura fuera médicamente tratada. La resolución del proceso judicial era bien sencilla: si la mano curaba rápidamente el acusado era inocente, y si no… culpable.

(más…)