De la falta de higiene al gozo acuático y sexual: bañarse en la Edad Media

Nula higiene, baños prohibidos por la moral sexual eclesiástica y cristianos que acatan por completo las normas que dicta la Iglesia. Pero la documentación nos dice que todo esto no son más que mitos. La relación entre sexualidad y baños en el Medievo castellano no es la que decía mi guía turístico, la de un mundo sexualmente oscuro y cohibido.

 

Hace unos meses me llevaron de excursión a Toledo para ver la exposición de El Greco. Como se trataba de un viaje organizado, un guía local nos explicó la ciudad. Y mientras observábamos embelesados la ciudad bañada por el Tajo desde el otro lado del río, escuché lo siguiente: “en la Edad Media los cristianos no se bañaban porque la Iglesia lo veía pecaminoso“. Debido a la impresión que me produjo escuchar esto y recordar que tras su conquista Toledo tuvo más de una docena de baños públicos funcionando en la Edad Media, apenas escuché la explicación del guía, aunque algo dijo de que el problema moral radicaba en la desnudez del cuerpo a la hora de tomar el baño. Amigo Sancho, (dicen que) con la Iglesia hemos topado.

 
La relación entre cuerpo y sexualidad e incluso afinando más, entre cuerpo, desnudez y sexualidad, no nos es ajena. A la Iglesia medieval tampoco. Pero aunque condene la visión de los cuerpos desnudos porque es una de las múltiples formas de las que surge el deseo sexual, es más que difícil encontrar en un confesional o en un catecismo castellano medieval la prohibición del uso de los baños públicos. Y aunque la halláramos, sólo la nefanda mitología que el mundo contemporáneo ha construido en torno a la Edad Media, nos permitiría creer que lo que prohibía la Iglesia era repudiado inmediatamente y en bloque por todos los cristianos.

 
Salgamos de Toledo, ciudad de las tres culturas, en busca de baños construidos por cristianos en Castilla. En el año 893 Zamora es repoblada con cristianos venidos de Al-Andalus y reconstruida, dotándose entre otras cosas de unos baños. El dinero que se obtiene de la explotación de estos establecimientos va a parar a las arcas de la catedral de Oviedo. A mediados del XI lo mismo pasa en Burgos: sus baños sirven para pagar la iluminación de la catedral. Desde inicios del siglo XII Valladolid tiene unos baños públicos situados en la zona del Alcázar, y según Magdalena Santo Tomás Pérez en su obra Los baños públicos en Valladolid. Agua, higiene y salud en el Valladolid medieval, no tardará en tener otros situados en pleno centro, al lado de la iglesia de La Antigua y que permanecerían abiertos hasta finalizar la Edad Media. Los de Santa Clara de Tordesillas fueron construidos hacia 1340 y formaban parte del complejo palaciego que Alfonso XI construyó para su amante Leonor de Guzman y que acabarían integrados en un monasterio femenino. Mientras, en esa misma primera mitad del siglo XIV León se dotaba de unos nuevos baños, gracias en parte a la colaboración de la catedral. Como se puede observar, la higiene corporal era bastante practicada en los baños públicos (y también en privado), y no debía ser muy problemática para la Iglesia si participaba en la construcción y explotación de estos establecimientos.


Tomar un baño no suponía un atentado contra la moral sexual cristiana. Ahora bien, la sexualidad no estaba alejada de estos lugares. Sabemos por los fueros (Cuenca , Cáceres, Béjar…) que no siempre se respetaba en ellos su norma de uso más básica, la que divide los días de apertura entre días exclusivos para hombres y para mujeres. El dueño de los baños podía aumentar sus ingresos permitiendo que algunos hombres observaran discretamente a las mujeres mientras se bañaban. Pero los baños podían ampliar sus usos por las noches o los días dedicados a los hombres al convertirse en espacios de prostitución. Por eso algunas imágenes de prostíbulos que nos han llegado de la Edad Media, representan lugares donde los clientes y las prostitutas hablan, comen y se acarician metidos en bañeras.

 
Nula higiene, baños prohibidos por la moral sexual eclesiástica y cristianos que acatan por completo las normas que dicta la Iglesia. Pero la documentación nos dice que todo esto no son más que mitos: la higiene existe y es practicada en la Edad Media por los cristianos y la Iglesia no se opone a la existencia de baños públicos, es más, participa en ellos. La relación entre sexualidad y baños en el Medievo castellano no es la que decía mi guía turístico, la de un mundo sexualmente oscuro y cohibido. La existencia de voyeurs y de prostitutas en los baños se me antojan dos  imágenes claras de un mundo que no sólo cuida y conoce la carne, sino que gusta jugar con el erotismo de la desnudez y del agua.

© Sexomedieval 2014

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