El senador colombiano Roberto Gerlein y el sexo anal

Sexo medievalHace un par de semanas casi se me cae el IPod de las manos mientras leía el periódico. La verdad es que estoy acostumbrada a leer cosas que se le parecen, pero no con fecha de 21-11-2012 y tan mal argumentadas.

 
Roberto Gerlein es un senador conservador colombiano que ha saltado al estrellato gracias a sus declaraciones durante el debate del matrimonio homosexual en Colombia. Hasta aquí nada raro. Lo especial de su caso no es lo que ha dicho sobre la formación o la definición del matrimonio, sino sobre las prácticas sexuales dentro de las parejas de un mismo sexo (cito por el artículo de El País del 21-11-2012, escrito por Elizabeth Reyes L.): las relaciones entre dos hombres son “sexo sucio, asqueroso, sexo que merece repudio. Es un sexo excremental y no puedo, me perdonan, convertirme en vocero de esta clase de uniones que llevan a esa clase de excesos”. Por si nadie se ha dado cuenta, a lo que hace referencia es al sexo anal (excremental), práctica sexual que no pertenece a ninguna orientación sexual. Y por si alguien ha deseado tildar a este hombre de medieval,  le rogaría que, por favor, no insulte: en los escritos eclesiásticos el sexo anal en esa época también se entiende como heterosexual. Pero lo que más me dejó perpleja fue lo de denominar al sexo anal homosexual como un exceso, cuando más tarde dice que los homosexuales lo son porque tienen el hipotálamo más pequeño, que es lo mismo que llamarles enfermos. Roberto Gerlein ha aunado dos formas históricas de entender la homosexualidad. Por un lado la que nos encontramos en la Edad Media, el hombre que es tan lujurioso que ya no se satisface con mujeres y de ahí el exceso (el homosexual como un pecador de alto rango), y por el otro la nacida a partir del siglo XVIII, el homosexual como enfermo, la homosexualidad como patología.


Pero esto va a más, pues las declaraciones sobre el sexo lésbico del senador colombiano no tienen desperdicio: ” a mí nunca me ha preocupado mucho el catre compartido entre mujeres porque ese homosexualismo no es nada y es sin trascendencia, pero compartido por dos varones es un sexo sucio”. Roberto Gerlein le sigue dando vueltas al sexo anal, a su binomio homosexualidad masculina = sexo anal cuando esta práctica no representa el total de la sexualidad de una pareja formada por dos hombres, olvidándose como no, de que dos mujeres juntas también pueden mantener relaciones sexuales. Y es que una de las formas de hacer invisibles a las lesbianas es hacer intranscendente, insignificante su sexualidad porque, y aquí está el kit de la cuestión, no están capacitadas físicamente para la penetración sexual. No es el sexo estéril lo que no entra en la cabeza del conservador colombiano (“sexo estéril, una unión estéril y un compartir estéril no es cosa que nos entusiasme a los conservadores”) es que no se cree que exista sexo más allá de la penetración. Y aquí es donde volvemos al Medievo. Algunos penitenciales altomedievales distinguen netamente entre dos mujeres que durante la relación sexual utilizan diferentes artilugios para penetrarse y las que no, siendo las primeras muchísimo más penalizadas que las segundas. Así pues, que la penetración sea la práctica sexual por excelencia es algo muy viejo, pero no pertenece al mundo medieval eclesiástico olvidar que el resto de prácticas no son sexuales. Para ellos, todo lo que es susceptible de dar placer entra dentro de la lujuria.

 
Una última cuestión ¿Nadie se ha dado cuenta de que lo que se estaba discutiendo era el matrimonio gay? ¿Por qué Roberto Gerlein nos habla de sexo? La respuesta no es complicada. Hasta el siglo XX la Iglesia Católica definió el matrimonio, sobre todo y ante todo, como el lugar permitido para mantener relaciones sexuales. Es decir, matrimonio = sexo. No será con la nueva elaboración del catecismo cuando el sexo pase a un segundo plano y lo más importante de la unión marital sea el amor. Pero Roberto Gerlein parece no conocerla y, por eso, intenta someter a una unión civil (que debería sostenerse con una ética y unos argumentos laicos) las normas desfasadas que él ha conocido.

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