La ablación o ¿el Medievo conocía el clítoris?

Para conmemorar el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, algunos medios de comunicación españoles nos recuedan diferentes aspectos de esta problemática tales como el qué es, dónde acaece, quiénes lo sufren, cómo se intenta erradicar y los logros de los activistas en contra de esta práctica. No obstante, casi en ningún medio se menciona el por qué existe la ablación genital femenina. La pregunta es bastante importante, pues detrás de cada práctica cultural hay un por qué que nos habla de los valores de cada sociedad. En este caso mi pregunta era si la ablación genital femenina tenía algo que ver con el férreo cumplimiento de unas normas de comportamiento sexual, pues una costumbre que desposee a una mujer de su clítoris tiene que venir de un grupo social que no quiere que las mujeres sientan placer sexual. Mi experiencia investigadora en el territorio de la Historia del Sexo me hacía estar detrás de este motivo y no de otro.  Y es que una mutilación tan agresiva y con tantos riesgos para la salud a largo plazo no me parecía que fuera un mero rito de paso, tal y como ocurre en algunas zonas de África con la circuncisión. El pretexto de que la culpa la tuviera el Islam tampoco me valía, ya que El Corán nunca estuvo en guerra contra el placer sexual.

 
Gracias a Internet mis sospechas fueron corroboradas. Con la ablación lo que se busca es la castidad femenina en dos vertientes: preservando la virginidad antes del matrimonio y asegurando la fidelidad femenina al marido, además de garantizar la paternidad legítima. No es el único motivo que se esgrime (belleza, salud, higiene) pero las investigaciones dejan claro que es una forma soterrada de controlar la sexualidad femenina. Por ello lo que se hace es cortar de raíz parte de la experiencia sexual femenina (la masturbación clitoriana y, por tanto, buena parte del despertar del placer sexual y el desarrollo sexual de la mujer) así como en convertir en desagradable y doloroso la experiencia de la penetración vaginal. Sin experiencias placenteras no hay sexo, sin capacidad de sentir no hay un deseo por mantener relaciones sexuales. Así pues, la ablación genital femenina se me antoja como el modo más perverso, pero a la vez el más perfecto, que ha inventado el ser humano para que las mujeres sean castas antes, durante y después del matrimonio. Mas no obstante este deseo de castidad femenina no es algo a lo que hayan aspirado exclusivamente remotas sociedades alejadas de Europa… ni la ablación es un fenómeno extraeuropeo.


Ya en Grecia y en Roma existía la idea de que el placer sexual femenino era sospechoso. Dicho de otro modo, que la mujer sintiera placer sexual podía traer consecuencias negativas. Hasta no hace mucho el placer sexual era un monopolio masculino. Por supuesto, la Edad Media heredó este concepto junto con muchos otros que también marcaron la sexualidad medieval, aunque con matices. Para los eclesiásticos de la Alta Edad Media todo placer sexual es negativo, ya sea femenino o masculino, algo que cambia a finales del siglo XII y la despenalización de cierta parte de la sexualidad dentro del matrimonio. Pero lo que la Iglesia nunca va a cambiar va a ser su alta estima por el himen femenino. La virginidad, siempre femenina, es algo tan grato a a Dios que asegura la entrada directa al Paraíso. Su pérdida es irreparable y hasta es un pecado grave. Además, pocos son los teólogos que afirman que si su pérdida no es voluntaria (una violación por ejemplo) la mujer sigue siendo virgen.

 
A finales también del siglo XII, en Castilla encontramos completamente implantado el valor de la honra en toda la sociedad. La protección de la honra, que es masculina y familiar, exige a las mujeres exactamente lo mismo que las sociedades que practican la ablación: virginidad antes del matrimonio, fidelidad durante el matrimonio. Ahora bien, si todas estas sociedades exigen lo mismo a las mujeres ¿la práctica de la ablación podría haber sido posible en la Castilla medieval?

 
Definitivamente no. Y es que para practicar la ablación hay que conocer, previamente, la potencialidad del clítoris en materia de placer sexual. En la Edad Media europea el clítoris es un desconocido, probablemente porque los médicos no le conocen un uso. A la hora de hablar de los órganos sexuales femeninos, en los tratados de anatomía por lo general sólo aparece el útero y la vagina. En los penitenciales altomedievales y en los confesionales bajomedievales, la única forma de masturbación femenina contemplada es la penetración ayudada de juguetes sexuales o de los dedos. Sólo en alguna obra médica y en San Alberto Magno encontramos alguna referencia a la masturbación clitoriana.

 
Tal vez la masturbación clitoriana fuera un secreto femenino al que pocos hombres accedieron en la Edad Media, un conocimiento que se traspasaba sólo de mujer a mujer, secretos que no nos han llegado. Por tanto, si no era pública la potencialidad del clítoris, el miedo a los castigos que las familias podían aplicar a las mujeres que no conservaban su castidad antes, durante y después del matrimonio (que van desde palizas por meras sospechas de haber hablado con un hombre hasta la muerte por adulterar o haber perdido la virginidad) funcionaban, a ojos de los hombres, tan bien como la ablación. La ignorancia  salvó a las europeas… hasta el siglo XIX, cuando algunos médicos empezaron a recomendar la ablación para quitar a algunas chicas la insana costumbre de masturbarse.

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