Medieval sí ¿sumisa también?

Mujer medieval, mujer sometida siempre al hombre… seguro? En un mundo tan machista como era la Edad Media (y como lo ha sido nuestro mundo hasta no hace tanto) los abusos, las desigualdades y las injusticias hacia las mujeres abundaban. Pero aún así, si podían, no se dejaban pisar e intentaban cumplir su voluntad.

 

Últimamente la expresión “como en la Edad Media” ha estado muy de moda. La podemos leer en diferentes redes sociales y en comentarios a artículos de periódicos que se hacen eco del libro Cásate y sé sumisa. Pero no sólo la obra de la italiana Costanza Miriano es polémica en sí, sino también quien la edita en castellano, el Arzobispado de Granada. Matrimonio, mujer, sumisión y una institución eclesiástica, ingredientes clave para que esta vez internet se halla llenado de referencias a esa, siempre, oscura Edad Media. El Medievo siempre es ejemplo, o metáfora, de lo que ya no debería ocurrir. Se cargan las tintas contra esta etapa histórica con mucho desconocimiento histórico, pues la exigencia de sumisión femenina no sólo existía en la Edad Media, miremos 50 años atrás. Y aún así yo sigo preguntándome ¿eran realmente tan sumisas como dicen las mujeres medievales?

 
En la Edad Media la sumisión de la mujer no se exige apoyándose en las palabras de Jesucristo; es una idea socialmente arraigada que no necesita ninguna justificación religiosa porque beneficia a la mitad de la población. Cierto es que podemos encontrarnos el uso del Nuevo Testamento para avalar la idea de que la mujer se ha de plegar a la voluntad del marido, pero no era buena idea. Al igual que Constanza Miriano se inspiró para escribir su libro en una frase de San Pablo a los Efesios, “esposas, estad sujetas a vuestros maridos”, el de Tarso también dijo a los Corintios entre otras cosas “la mujer no es dueña de su cuerpo, sino el marido; tampoco el marido es dueño de su cuerpo, sino la mujer”. La contradicción era evidente y lo es hoy día aún más: según los expertos parte de las epístolas paulinas sí fueron escritas por San Pablo, como las dirigidas a los Corintios, pero de otras se duda de su autoría como es el caso de la Epístola a los Efesios. La sumisión, como mínimo la sexual, es aplicada a los dos géneros por parte de San Pablo, y sus palabras no serán olvidadas en la Edad Media.

Mujer medieval, mujer sometida siempre al hombre… seguro? En un mundo tan machista como era la Edad Media (y como lo ha sido nuestro mundo hasta no hace tanto) los abusos, las desigualdades y las injusticias hacia las mujeres abundaban. Pero aún así, si podían, no se dejaban pisar e intentaban cumplir su voluntad. Tomemos el adulterio como ejemplo. Una mujer adúltera era una delincuente que se enfrentaba a la pérdida de todos sus bienes e incluso de su vida; y aún así había mujeres que se arriesgaban a adulterar: las encontramos huyendo con sus amantes a otras villas y reinos en busca de una nueva vida, o buscando bebedizos con los que drogar a sus maridos para poder mantener relaciones sexuales con otros hombres. Los hombres casados, en cambio, no cometían ningún delito al caer en el adulterio, pero eso no paraba a sus parejas: las encontramos quejándose fuertemente de las aventuras sexuales de sus maridos hasta el punto de ser maltratadas por ellos, o incluso expulsando de la casa a las criadas convertidas en amantes; ante los tribunales eclesiásticos aparecen pidiendo y obteniendo la separación o incluso la anulación del matrimonio cuando el marido era impotente. Todas ellas son mujeres castellanas del siglo XV, mujeres medievales. ¿Sumisas? Si tienen apoyos, si tiene fuerzas, si pueden… no, nunca.

© Sexomedieval 2013

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