Pedro Hispano o un médico, un Papa, un autor y Viagra en la Edad Media

Si en un libro de medicina aparecen fórmulas para facilitar la erección y el coito es porque la gente las reclama, ya sea en tiempos actuales o medievales. El sexo no es patrimonio de la actualidad. Como veremos, en la Edad Media no hacía falta que fueran “curas sin ordenar” que “se entregaban al placer” los autores de estos libros o a quien iban dirigidos.

 

Hace un tiempo un amigo (Hola Paco!) me envió un artículo de la web de ciencia Materia de lo más suculento: “Cuando el Papa enseñaba a tener buen sexo“. Vaya, eso sí es un título. Pero en el copete de la noticia el asunto empezaba a tambalearse: “Un libro médico atribuido al pontífice medieval Juan XXI daba recetas para mejorar la erección y dar más placer a las mujeres en las relaciones sexuales“. Es decir, que el libro medieval donde podemos encontrar estas recetas es una obra de la que no se conoce bien quién fue su autor. No hace saber nada de Historia Medieval de la Sexualidad para darse cuenta de que el Papa Juan XXI no tiene por qué ser el Pedro Hispano que escribió en el siglo XIII la obra en cuestión, aunque el artículo sugiera varias veces dicha posibilidad.

 
Es muy común que todo el que lee hoy en día los capítulos dedicados a la excitación y erección masculina en el Tesoro de pobres, sienta una profunda ironía pensando en que su creador fue un clérigo que llegó a la cúspide de la jerarquía cristiana. Es fácil porque rara es la edición que no menciona a ese Pedro Hispano que se convertiría en Papa. Pero quien escribió el Thesaurus pauperum era un estudioso de la medicina llamado Pedro originario de la Península Ibérica, y me temo que en el siglo XIII había muchos médicos llamados Pedro que habían nacido en los reinos cristianos ibéricos. Uno llegó al papado y del resto poco sabemos. O simplemente, tal y como se indica en el artículo pero al final, el autor ni siquiera llegó a llamarse como el Papa, sino que se cambió su nombre en la obra por el del Pedro Hispano/Papa Juan XXI para que esta se destacara o se difundiera más. Siento mucho romper la idea que propone el artículo sobre un Papa medieval amigo del sexo… pero el Tesoro de pobres de Pedro Hispano es más que esto; el sexo medieval siempre da más.

 
El Thesaurus pauperum se parece mucho a otras obras médicas medievales, donde no es raro que se hable de enfermedades que afectan a los órganos genitales o a otros problemas que tienen que ver con la sexualidad y la reproducción. Como bien indican en Materia, el Thesaurus pauperum tiene una sección que habla de cómo evitar la excitación sexual para aquellos que tengan que guardar castidad, remedios de los que otras obras hablan para evitarlos. Pero si consultamos el Thesaurus vemos como hay medicamentos para evitar un aborto y también para que “vuelva la menstruación”. Si la obra de Pedro Hispano es conocida al hablar de sexo en la Edad Media, es por la amplia recopilación que hace de estos últimos remedios. Y no es el único ni el primer clérigo que recoge todos ellos en la Plena Edad Media sin condenarlos.


Si en un libro de medicina aparecen fórmulas para facilitar la erección y el coito es porque la gente las reclama, ya sea en tiempos actuales o medievales. El sexo no es patrimonio de la actualidad. Como veremos, en la Edad Media no hacía falta que fueran “curas sin ordenar” que “se entregaban al placer” los autores de estos libros o a quien iban dirigidos. Podíamos pensar que un casto clérigo medieval, aunque fuese médico, no debería dar a conocer tales remedios porque pueden llevar a un uso indebido de la sexualidad y, por lo tanto, a una censura parcial de su obra. Es por ello por lo que en algunas ediciones del Tesoro de pobres no aparece el capítulo centrado en el coito. Pero el problema no está en el saber, sino en su buen o mal uso. Los conocimientos médicos sobre la sexualidad eran necesarios para los buenos cristianos y la Iglesia, pues el matrimonio medieval era declarado nulo si uno de sus integrantes no podían consumar el matrimonio. En el caso masculino si no tenía apetito sexual o si la calidad de sus erecciones no era suficiente para mantener una relación sexual. Por tanto, conocer y usar esas “viagras medievales” era bueno y necesario para algo tan santo como ratificar el matrimonio y traer hijos al mundo. Igual de santo en ese siglo XIII como “valorar la importancia de la pureza y la virginidad”.

 
Más de 700 años después Pedro Hispano, ya fuese laico o clérigo, sigue ayudándonos a través de su obra. Ya nadie utiliza los remedios que seleccionó con tanto cuidado, pero nos sigue dando lecciones de práctica médica en torno a la sexualidad y de cómo esta encajaba en la moral sexual católica, aunque algunos vean más lo llamativo y delirante para el gusto actual de su obra: comer testículos de tejón, untarse el pene con bilis de jabalí, introducir hierbas en el recto. Como si nosotros no hiciéramos tonterías.

© Sexomedieval 2014

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