¿Quién no va contra natura?

Alan Delon evoca un mundo que no conoce aunque cree conocerlo. Cree saber qué es la naturaleza y no se ha parado a observarla. Preferiría creerse estoico sin pensar en las contradicciones y en lo que significa. Si el uso de anticonceptivos, la masturbación, el sexo oral, el sexo anal, los besos y caricias… casi todo en el sexo no tiene un objetivo claramente reproductivo ni nosotros tenemos tales intenciones ¿quién no va contra la naturaleza?

 

¿Qué es la naturaleza? El icono del cine francés Alain Delon parece tenerlo muy claro porque para él la homosexualidad es contra natura: “si, lo siento, es contra natura. Estamos aquí para amar a una mujer, para cortejar a una mujer, vamos… no para ligar con un tío o dejarse ligar por un tío” (“Bah oui, c’est contre-nature, je suis désolé, c’est contre-nature. On est là pour aimer une femme, pour courtiser une femme, enfin… pas pour draguer un mec ou se faire draguer par un mec“). La verdad es que estas declaraciones del actor no son nuevas en el panorama periodístico francés, como tampoco es nueva esa idea de una sexualidad que va contra la naturaleza. Pero al contrario que Alain Delon es consciente de ser percibido como “un viejo que habla”, nosotros no percibimos la antigüedad y el significado de eso de ir contra natura. Sí que solemos intuir un tinte eclesiástico en su origen, una clara referencia a la homosexualidad y hasta una referencia temporal, la Edad Media. Pero esto no es del todo exacto.

 
Los primeros siglos de nuestra era estaban invuidos por las contradiciones del mundo greco-latino en torno a la sexualidad. Por un lado era glorificada, pero por el otro era repudiada y ninguna de estas posiciones era ya nueva. Además no sólo el placer estaba mal visto, también el amor. Muchos eran los filósofos y moralistas que opinaban que las pasiones no eran estéticas, por ello las relaciones sexuales sólo se debían llevar a cabo con fines reproductivos y nunca se debía buscar el placer en ellas. Pero tal y como señala Jean-Louis Flandrin en su L´Eglise et le controle des naissances, serán los estoicos los que más se distingan en esta forma tan negativa de ver el placer sexual (e insisto, también el amor), gracias no sólo a su auge entre los siglos I y II de nuestra era, sino sobre todo por su insistencia en hacer de la conducta animal un modelo de vida natural. Es justo aquí donde aparece claramente la idea de que la sexualidad puede ir contra la naturaleza.

 
En el estoicismo la reprobación del placer sexual cristaliza en la idea de que el sexo sólo debía practicarse con el objetivo de reproducirse, tal y como hacían los animales (mejor dicho, tal y como ellos creían que hacían todos los animales, lo cual dista mucho de la realidad). Esa era la ley natural, lo que dictaba la naturaleza, una sexualidad exclusivamente reproductora. Y la búsqueda del placer quedaba completamente vedada porque el objetivo de los estoicos era liberar al hombre de todo lo que le unía a este mundo. También del amor. Sólo estaba permitido el sexo vaginal heterosexual, sin anticonceptivos, sin florituras que diesen placer y con el único objetivo de tener hijos. Aun así, estas creencias únicamente eran seguidas voluntariamente por una minoría… hasta que pasaron al cristianismo gracias, sobre todo, a Clemente de Alejandría.  De este modo la ley natural de los estoicos se situó en el origen de la moral sexual cristiana. Pero no será hasta la llegada de Tomás de Aquino en el siglo XIII cuando la expresión “contra natura” se defina claramente y hasta se ordene cómodamente.


A lo largo de la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media los teólogos, moralistas y juristas cristianos no se desvían mucho de las ideas estoicas, aunque los creadores de los diferentes penitenciales que se extendieron por una parte considerable de aquella Europa Occidental sí lo hicieron, dejando la reprobación del placer sexual a un lado. No obstante, a mediados del siglo XIII la idea cristiana oficial de dónde estaban los límites de la moral sexual se seguía basando en buena parte en lo que decían los estoicos que era la naturaleza, lo natural en materia sexual, aunque no existiera un consenso sobre su definición. Será Santo Tomás de Aquino el que aclare y  fije el significado de las expresiones “contra la naturaleza” o “contra natura”. Con ellas se hace referencia a actividades y parejas de amantes que atentan contra el orden natural de la sexualidad,  porque sus relaciones sexuales son estériles o se cree que dificultan el embarazo. Pero Santo Tomás, para mejor comprensión, las va a ordenar de menor a mayor pecaminosidad: masturbación y demás caricias, todo lo que no sea sexo heterosexual vaginal con la mujer en decúbito supino, sexo entre personas del mismo género y, finalmente y más grave, la zoofilia porque no se realiza entre miembros de la misma especie.

 
Alan Delon evoca un mundo que no conoce aunque cree conocerlo. Cree saber qué es la naturaleza y no se ha parado a observarla. Preferiría creerse estoico sin pensar en las contradicciones y en lo que significa. Utiliza un concepto estoico, el del sexo contra natura, sin darse cuenta que el desarrollo de esa idea condena gran parte de las prácticas sexuales heterosexuales, así como la búsqueda del placer sexual. Y además el estoicismo veía con malos ojos el amor: no se puede decir sin caer en la contradicción que la homosexualidad es contra natura y que los hombres están para amar a las mujeres. Si el uso de anticonceptivos, la masturbación, el sexo oral, el sexo anal, los besos y caricias… casi todo en el sexo no tiene un objetivo claramente reproductivo ni nosotros tenemos tales intenciones ¿quién no va contra la naturaleza?

© Sexomedieval 2013

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