¿Célibes y desesperados? Hombres medievales solos

Sabemos por los fueros que los pastores tenían vedado introducir prostitutas en sus chozas mientras cuidaban el ganado. Mientras, los marineros que aparecen en la literatura castellana nunca dudan en subir a bordo a una mujer que les pueda alegrar la travesía si tienen oportunidad. Y los monjes están privados de compañía femenina si así lo desean, porque aunque no sea lícito salir del monasterio sin permiso, se hace.

 

Hace un par de semanas unos compañeros (Hola David! Hola Victor!) me preguntaron sobre la sexualidad de los hombres medievales desprovistos de féminas a la vista. Entiéndase por estos hombres solitarios aquellos que, debido a sus condiciones laborales, se veían obligados a pasar más tiempo de lo que era normal sin tratar con el otro género. Tres ejemplos bastante claros serían los encerrados monjes en sus conventos, los pastores alejados de los núcleos de población y los marineros en alta mar.

 

No es fácil reconstruir la vida sexual de estos hombres; las fuentes que nos hablan de ellos no suelen mencionar cómo se las arreglaban sexualmente cuando su modo de vida les alejaba de las mujeres. Aunque no es mucho suponer que sin mujeres lo que queda es la masturbación, la zoofilia y la homosexualidad. Algunos penitenciales altomedievales fueron escritos por personas que conocían muy bien qué podía ocurrir a nivel sexual en un espacio habitado exclusivamente por hombres, como un monasterio masculino, de ahí que establezcan penitencias para aquellos que caen en la masturbación, en el sexo anal, en el roce de los genitales con el compañero hasta llegar al orgasmo; incluso se castiga a aquellos que se sirven de troncos de árboles perforados u objetos similares en los que introducir el pene para deleitarse. Pero cuando a finales del siglo XII los penitenciales desaparecen, se llevan consigo esa espectacular claridad a la hora de hablar de sexualidad. Los confesionales son muchísimo más cautos a la hora de confesar los pecados de la lujuria. Un ejemplo evidente nos lo ofrece Martín Pérez cuando recomienda a los confesores que pregunten a los pastores por los pecados contranatura, sin especificar si se refiere a la masturbación, la homosexualidad, la zoofilia o todos ellos, diciendo sólo que son muy propensos a cometer tales faltas.

 

Ciertamente a esos monjes apartados del mundo, a esos pastores solitarios y a esos marineros solos ante el mar, no les quedaba otra opción que la abstinencia o la masturbación, las prácticas homosexuales o el bestialismo. A no ser que, como género masculino que vivía en la Castilla de la Edad Media, no estuvieran ni tan apartados del mundo, ni fueran tan solitarios y ni estuvieran tan solos ante el mar.

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Medieval sí ¿sumisa también?

Mujer medieval, mujer sometida siempre al hombre… seguro? En un mundo tan machista como era la Edad Media (y como lo ha sido nuestro mundo hasta no hace tanto) los abusos, las desigualdades y las injusticias hacia las mujeres abundaban. Pero aún así, si podían, no se dejaban pisar e intentaban cumplir su voluntad.

 

Últimamente la expresión “como en la Edad Media” ha estado muy de moda. La podemos leer en diferentes redes sociales y en comentarios a artículos de periódicos que se hacen eco del libro Cásate y sé sumisa. Pero no sólo la obra de la italiana Costanza Miriano es polémica en sí, sino también quien la edita en castellano, el Arzobispado de Granada. Matrimonio, mujer, sumisión y una institución eclesiástica, ingredientes clave para que esta vez internet se halla llenado de referencias a esa, siempre, oscura Edad Media. El Medievo siempre es ejemplo, o metáfora, de lo que ya no debería ocurrir. Se cargan las tintas contra esta etapa histórica con mucho desconocimiento histórico, pues la exigencia de sumisión femenina no sólo existía en la Edad Media, miremos 50 años atrás. Y aún así yo sigo preguntándome ¿eran realmente tan sumisas como dicen las mujeres medievales?

 
En la Edad Media la sumisión de la mujer no se exige apoyándose en las palabras de Jesucristo; es una idea socialmente arraigada que no necesita ninguna justificación religiosa porque beneficia a la mitad de la población. Cierto es que podemos encontrarnos el uso del Nuevo Testamento para avalar la idea de que la mujer se ha de plegar a la voluntad del marido, pero no era buena idea. Al igual que Constanza Miriano se inspiró para escribir su libro en una frase de San Pablo a los Efesios, “esposas, estad sujetas a vuestros maridos”, el de Tarso también dijo a los Corintios entre otras cosas “la mujer no es dueña de su cuerpo, sino el marido; tampoco el marido es dueño de su cuerpo, sino la mujer”. La contradicción era evidente y lo es hoy día aún más: según los expertos parte de las epístolas paulinas sí fueron escritas por San Pablo, como las dirigidas a los Corintios, pero de otras se duda de su autoría como es el caso de la Epístola a los Efesios. La sumisión, como mínimo la sexual, es aplicada a los dos géneros por parte de San Pablo, y sus palabras no serán olvidadas en la Edad Media.

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Especial Halloween: sexo en el cementerio (medieval)

El que en la Edad Media existan parejas que hayan mantenido relaciones sexuales en un cementerio, no significa que  el sexo fuera tan normal que se podía practicar en cualquier parte, incluso en espacios públicos. Nada más lejos de la realidad. La privacidad es un bien muy valorado por su escasez en el Medievo, parece que siempre hay alguien mirando.

 

Dentro de nada acabará el mes de octubre. Para los antiguos celtas esta fecha significaba el fin de un año y el comienzo de otro nuevo. Pero también era el momento en el que el mundo de los vivos y el de los muertos se encontraban más próximos el uno del otro. La antigua fiesta del Samhain ha ido evolucionando, cambiando, incluso relaborándose y adaptándose hasta llegar a nuestros días con la tan conocida fiesta de Halloween. Pero los muertos no la han abandonado, sino que son una parte importante de ella.

 

La imagen que hoy tenemos de Halloween es deudora de la literatura gótica y del cine de terror: la gente se disfraza de vampiros, fantasmas, criaturas de la noche, zombis, esqueletos… y el lugar más recreado en casas y espacios públicos es el cementerio. Un cementerio que poco tiene que ver con el medieval. En la Castilla de la baja Edad Media el cementerio no era el espacio que es hoy en día. Se trataba de un espacio plurifuncional, cercano a nuestra idea de espacio ajardinado, un parque con espacios abiertos, recovecos y esquinas poco visibles. Bien es verdad que en ellos reposaban los restos de los parroquianos, pero allí también los niños jugaban, la gente se reunía, paseaba y vendía productos; se celebraban fiestas y banquetes donde la gente bebía, reía, bailaba y cantaba todo tipo de canciones, incluso algunas no muy honestas. Y también se había sexo, lo cual podía conllevar toda una serie de graves problemas.

 

Al ser los cementerios espacios sacralizados, el derramamiento de semen y sangre en ellos hacía que estos espacios tuviesen que ser reconciliados, bendecidos otra vez por haber sido violados. La desacralización suponía que en ellos ya no se podía enterrar a nadie. Y lo mismo ocurría con las iglesias. No obstante iglesias y cementerios no son iguales, pues es menos problemático (que no condenado) si el sexo se practica en el cementerio.

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¿Kama sutra medieval? Sí, Speculum al Joder

“Parece que su traductor quiso hacerla pasar como un libro de medicina centrado en la sexualidad y no como lo que es, una serie de consejos prácticos dirigidos a hombres que facilitan su vida sexual en múltiples aspectos…”

 

Hace no muchos días un colega (hola Juanjo!) me envió un artículo de El Confidencial de lo más jugoso, “Los seis manuales sobre sexo más llamativos de la Historia“. Aunque he de confesar que parte de las obras mencionadas eran totalmente desconocidas para mí, no es la primera vez que veo una recopilación de estas características. Lógico que existan porque venden, porque las sorpresas siempre son mayúsculas. Pensamos que el sexo hasta que llegamos nosotros estaba siempre reprimido o que no existía una cultura, una ciencia sexual que ayudara a vivirlo de forma más intensa. Craso error como bien demuestra el artículo, pero por desgracia poco exacto con lo que respecta al sexo en la Edad Media.

 

Los cánones de Theodore o Canons of Theodore en inglés si se prefiere, es un texto bastante conocido al ser uno de los primeros penitenciales escritos en una lengua que no era el latín. Pero por lo general cuando hablamos de penitenciales, de esos manuales de confesión utilizados entre el 550 y el 1150 de nuestra era, se suele citar el Corrector et medicus de Burcardo de Worms, del cual ya se habló en un post anterior. No obstante, apenas hay diferencias entre los pecados sexuales que mencionan uno y otro: estupro, adulterio, incesto, afrodisíacos, fornicación, homosexualidad, zoofilia, masturbación, algunas posturas sexuales prohibidas, anticonceptivos, aborto, magia sexual, no respetar los días de abstinencia. Como se ve y muy al contrario de lo que la notica dicta, nada excesivamente obsceno para la sociedad de hoy en día. Y es que un penitencial es un penitencial, busca imponer una moral sexual muy determinada a través de interrogar al penitente durante la confesión, no ofrecer trucos para intensificar el placer o nuevas prácticas sexuales. Lo que no quiere decir que quienes lo oyesen durante la confesión o lo leyesen, no acabasen gracias a ellos conociendo nuevas formas de experimentar la sexualidad. Los escritores de penitenciales y confesionales conocían estos riesgos. Para evitarlos, desde el siglo IX se pide a los sacerdotes que no interroguen más de lo necesario, mientras que algunos escritores de confesionales castellanos deciden escribir las partes más “peligrosas” de su obra en latín.

 

Pero no hay que irse a un penitencial, algo que condena el sexo, para tener un kama sutra medieval. Hace muchos años se descubrió, editó y hasta se tradujo del catalán medieval al castellano el Speculum al foder (Teresa Vicens, 1978). Y desde hace un año se puede consultar por internet esta obra depositada en la Biblioteca Nacional.

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Caballeros medievales, caballeros sexuales

Pero en la Edad Media real el ideal de virilidad se apoyaba, entre otras cosas, en la capacidad que tenía un hombre de dejar embarazada a una mujer, y cuanto más rápido mejor. En todos los estratos y edades aparece esta afirmación de la masculinidad, aún a costa de serios problemas y procesos judiciales.

 

Hace ya un mes, la marca de preservativos Coontrol comenzó una campaña publicitaria en televisión para dar a conocer su nuevo producto, el Control easy-way. Y para ello recurrieron a la Edad Media: como no se puede mostrar a un hombre poniéndose un preservativo, haremos la demostración con caballeros medievales. ¿Qué puedo decir? Pues que ya nunca nos equivocaremos de lado al poner un condón… y que esto es un blog sobre sexo en la Edad Media.

 

http://www.youtube.com/watch?v=6aQWDsmiAps

El anuncio, como metáfora de la facilidad de poner un preservativo, cumple sus objetivos. También es divertido  y con varios dobles sentidos. Ahora bien ¿qué vemos en el anuncio? O mejor dicho ¿qué imagen de la Edad Media nos encontramos? Pues la que el común de los mortales podemos tener del amor cortés medieval: caballeros que mediante la exposición de sus artes quieren ganarse el amor de una dama, mientras que ellas son las respetadas protagonistas, las que eligen y deciden hasta donde llegar. La elección es bastante acertada si pensamos que ese amor cortés no estaba exento de sexualidad, pues las composiciones también tienen claros tintes eróticos al contrario de lo que se suele pensar. No obstante, todo esto también es irónico en un spot sobre preservativos. Existe la hipótesis de que en el De Amore de Andreas Capellanus, una de las obras clave del amor cortes, a lo que el autor llama amor puro no es sino la práctica del coitus interruptus.

 
Ahora bien, para la Historia de la Sexualidad el problema reside en que el amor cortés es más bien una ficción literaria donde, al contrario que con otras obras, pocos son los ecos de la realidad. Por eso no suele estar presente en los estudios de sexo en la Edad Media, aunque filólogos como James A. Schultz hayan enarbolado su defensa con bastante razón, pues aun siendo una ficción  es interesante conocerla al contener las normas de la élite que las creó, es decir, su forma de pensar y entender el mundo, incluido el sexual.

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¿Quién no va contra natura?

Alan Delon evoca un mundo que no conoce aunque cree conocerlo. Cree saber qué es la naturaleza y no se ha parado a observarla. Preferiría creerse estoico sin pensar en las contradicciones y en lo que significa. Si el uso de anticonceptivos, la masturbación, el sexo oral, el sexo anal, los besos y caricias… casi todo en el sexo no tiene un objetivo claramente reproductivo ni nosotros tenemos tales intenciones ¿quién no va contra la naturaleza?

 

¿Qué es la naturaleza? El icono del cine francés Alain Delon parece tenerlo muy claro porque para él la homosexualidad es contra natura: “si, lo siento, es contra natura. Estamos aquí para amar a una mujer, para cortejar a una mujer, vamos… no para ligar con un tío o dejarse ligar por un tío” (“Bah oui, c’est contre-nature, je suis désolé, c’est contre-nature. On est là pour aimer une femme, pour courtiser une femme, enfin… pas pour draguer un mec ou se faire draguer par un mec“). La verdad es que estas declaraciones del actor no son nuevas en el panorama periodístico francés, como tampoco es nueva esa idea de una sexualidad que va contra la naturaleza. Pero al contrario que Alain Delon es consciente de ser percibido como “un viejo que habla”, nosotros no percibimos la antigüedad y el significado de eso de ir contra natura. Sí que solemos intuir un tinte eclesiástico en su origen, una clara referencia a la homosexualidad y hasta una referencia temporal, la Edad Media. Pero esto no es del todo exacto.

 
Los primeros siglos de nuestra era estaban invuidos por las contradiciones del mundo greco-latino en torno a la sexualidad. Por un lado era glorificada, pero por el otro era repudiada y ninguna de estas posiciones era ya nueva. Además no sólo el placer estaba mal visto, también el amor. Muchos eran los filósofos y moralistas que opinaban que las pasiones no eran estéticas, por ello las relaciones sexuales sólo se debían llevar a cabo con fines reproductivos y nunca se debía buscar el placer en ellas. Pero tal y como señala Jean-Louis Flandrin en su L´Eglise et le controle des naissances, serán los estoicos los que más se distingan en esta forma tan negativa de ver el placer sexual (e insisto, también el amor), gracias no sólo a su auge entre los siglos I y II de nuestra era, sino sobre todo por su insistencia en hacer de la conducta animal un modelo de vida natural. Es justo aquí donde aparece claramente la idea de que la sexualidad puede ir contra la naturaleza.

 
En el estoicismo la reprobación del placer sexual cristaliza en la idea de que el sexo sólo debía practicarse con el objetivo de reproducirse, tal y como hacían los animales (mejor dicho, tal y como ellos creían que hacían todos los animales, lo cual dista mucho de la realidad). Esa era la ley natural, lo que dictaba la naturaleza, una sexualidad exclusivamente reproductora. Y la búsqueda del placer quedaba completamente vedada porque el objetivo de los estoicos era liberar al hombre de todo lo que le unía a este mundo. También del amor. Sólo estaba permitido el sexo vaginal heterosexual, sin anticonceptivos, sin florituras que diesen placer y con el único objetivo de tener hijos. Aun así, estas creencias únicamente eran seguidas voluntariamente por una minoría… hasta que pasaron al cristianismo gracias, sobre todo, a Clemente de Alejandría.  De este modo la ley natural de los estoicos se situó en el origen de la moral sexual cristiana. Pero no será hasta la llegada de Tomás de Aquino en el siglo XIII cuando la expresión “contra natura” se defina claramente y hasta se ordene cómodamente.

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¿Edad de consentimiento sexual en la Edad Media?

Como vemos, el argumento de que cada día los jóvenes parecen saber más de sexo, de que la malicia compensa la edad, es bastante viejo porque ya aparecía en la Edad Media. E igual de viejo es contraatacar como hacían algunos testigos, que a esa edad indicada por la ley canónica ni los adolescentes eran tan maduros físicamente ni estaban preparados psicológicamente para lo que suponía el matrimonio y el sexo.”

 

Hace poco todos nos despertamos con la noticia de que el gobierno español iba a elevar la edad del consentimiento sexual de 13 a 16 años. Además, quiere hacerla coincidir con la edad mínima para casarse, pasando así de los 14 a los 16. Hasta aquí creo que nadie se sorprendió. Pero quienes consultaron los medios tal vez dieron con la noticia de que El Vaticano es el país europeo donde la edad de consentimiento sexual es más baja: 12 años. Yo no soy una experta en leyes y menos extranjeras, así que no se si es verdad que en el Vaticano también existe leyes que fijan la edad del consentimiento sexual en los 12 años. Lo que sí se por mis conocimientos de sexualidad medieval es que en el Vaticano, porque es el Vaticano, el derecho canónico todavía está presente. Y es que eso de que esté permitido por ley tener sexo con personas de 12 años (lo que no significa necesariamente edad mínima de consentimiento sexual) sí lo he leído, pero en las leyes del Imperio Romano y en el derecho canónico medieval.

 
En el derecho medieval castellano, como en el canónico medieval, no existe una ley que determine a que edad el sexo con una persona deja de estar prohibido. En el derecho canónico esta ausencia es bastante lógica y sencilla puesto que el sexo fuera del matrimonio está prohibido por ser pecado. Lo que sí existe es una edad mínima para contraer matrimonio y, a efectos del tema que estamos tratando, para mantener relaciones sexuales sin caer en el pecado: 12 años para las chicas y 14 para los chicos (hoy en día son, respectivamente, 14 y 16: canon 1083).
En el occidente europeo medieval la Iglesia fue elaborando, poco a poco, sus propias normas de funcionamiento. La labor fue bastante ardua. No obstante un número significativo de sus normas tienen un claro origen en el derecho romano, como esta de la edad a partir de la cual dos personas se pueden casar. Los legisladores eclesiásticos medievales, como los juristas romanos, opinaban que a esas edades ya se era plenamente consciente para saber lo que significaba y lo que suponía estar casado. Pero también había una justificación médica para elegir esta edad y no otra: se suponía que a los 12 años las chicas ya menstruaban y los chicos eran capaces de tener una erección con eyaculación. Es decir, que se podían reproducir, por tanto sus relaciones sexuales no serían estériles, cumpliendo de este modo el primer objetivo del matrimonio y salvándose del pecado.

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Clases de Historia de la Sexualidad para Yelena Isinbayeva

“Si permitiéramos e hiciéramos todas estas cosas en las calles, temeriamos por nuestra nación”. “Los rusos nos consideramos gente normal, estándar; simplemente vivimos los chicos con chicas y las chicas con chicos”. “Viene de nuestra Historia”. Mientras leía estas declaraciones de Yelena Isinbayeva no sabía exactamente qué cara poner. Para empezar, la saltadora rusa habla del miedo a la pérdida de la identidad nacional… debido a ciertas prácticas sexuales, como si el sexo, el placer y la orientación sexual entendieran de fronteras nacionales. Decidí pasar por completo de lo de  “gente normal” por razones obvias (¿quién se atreve a definir qué es lo normal? ¿Alguien es estándar?) que han prendido fuego en las redes sociales. Y acabé leyendo lo de “viene de nuestra Historia”. Querida Isinbayeva, convocar a Clio nunca es buena idea, y menos cuando hablamos de sexo.

 
No es la primera vez que escucho que la homosexualidad es algo moderno, que antes no existía… como si ese “antes” fuese un tiempo continuo, sin cambios ni evoluciones en las ideas desde que apareció el Homo Sapiens Sapiens hasta la segunda mitad del siglo XX. Incluso nuestra forma de ver el sexo, de explicar nuestra sexualidad, ha cambiado y varias veces a lo largo de la Historia. Este blog es un ejemplo de ello aunque se centre en la sexualidad en la Edad Media. No obstante han sido los legisladores rusos los que se han empeñado en grabar a fuego la idea de que existen orientaciones sexuales “no tradicionales”, aunque la idea también existe en personas de otros países como el nuestro.

 
Nuestro pasado cuenta cosas muy diferentes de cómo se entendió la sexualidad. En la Antigua Roma, por ejemplo, no existían las palabras homosexual o heterosexual. Directamente no las necesitaban porque su clasificación sexual de las personas no se regía por el con quién preferían meterse en la cama, sino si eran agentes activos o pasivos en sus relaciones sexuales. En este caso, un Romano decente siempre debía ser activo, y en el caso de que practicase sexo con otro hombre, lo correcto era que fuera el que penetrara, pero se consideraba moralmente reprobable que fuera el penetrado. ¿No es esto tradicional? Durante los siglos VII y XI el uso de Penitenciales se extendió por una parte importante de Europa Occidental. Pero su éxito no era legítimo ya que imponían una moral sexual a través de la confesión que contradecía la predicada desde las instituciones oficiales de la Iglesia. Por eso fueron prohibidos, porque no censuraban con fuerza el sexo por placer, las relaciones sexuales no procreativas y el uso de anticonceptivos. Pero se siguieron utilizando porque no había nada que los sustituyera. Entonces ¿qué hacemos si tenemos tradiciones que se contradicen hasta en un mismo espacio y tiempo? Finalmente, los estudios derivados de las ideas vertidas en la obra de John Boswell Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad: los gays en Europa indican que no fue hasta el siglo XI cuando la intolerancia frente a los homosexuales apareció en Europa Occidental, junto con la extensión de otros movimientos contra judíos, disidentes religiosos y mujeres. Así que ¿tradición desde cuándo?

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Los Sonetos Lujuriosos (y medievales) de Pietro Aretino

Es muy probable que hayáis oído hablar alguna vez de Pietro Aretino y sus Sonetos Lujuriosos. Él fue el autor de unos poemas que acompañaban a unos gravados, I Modi (Las Posturas), sexualmente muy explícitos, basados en unos dibujos de Giulio Romano. Corría el año 1527 cuando se editaron por primera vez y de manera conjunta los sonetos con las  imágenes, pues estas ya habían circulado solas en una edición anterior. No se conserva ningún libro original de ambas tiradas. La primera fue perseguida hasta la destrucción por el Papa, y el editor y estampador Marcantonio Raimondi pasó un breve tiempo en la cárcel.

 
Puesto que una imagen vale más que mil palabras, las diferentes versiones de los Modi son más conocidas que sus acompañantes versados los Sonetos Lujuriosos. Y aún así estos son mucho más valiosos y sorprendentes para la Historia de la Sexualidad. Muchos dirían que no fueron creadas en 1527, es decir, por una persona que vivió (1492-1556) en un mundo que seguía siendo medieval en sus estructuras mentales y, por supuesto, sexuales. Y aún así, cuando nos adentramos en lo que fue la sexualidad medieval no nos parecen tan extrañas. Descarnadas, impúdicas, escandalosas, pero no de una sexualidad imposible en aquel tiempo.

 
Toda lectura recomendada ha de ser acompañada de una serie de advertencias. Los Sonetos Lujuriosos de Pietro Aretino han sido traducidos al castellano varias veces, pero ya sea por intentar respetar la rima ya sea por su carga sexual, no es fácil encontrar una traducción que no aligere el contenido o, directamente, lo transforme. Así pues, si vais a ir a la biblioteca u os vais a servir de internet, buscad una versión bilingüe y comparad. Tampoco debéis de olvidar que Pietro Aretino escribió esos sonetos inspirado por los Modi, esas imágenes que mostraban a parejas en diferentes posturas sexuales, siempre en pleno acto sexual. Así pues, su alta carga sexual se debe a que nunca ocurren en los prolegómenos del sexo (el jugueteo, la seducción, las caricias…) sino que los protagonistas hablan al inicio del coito o durante este. Son conversaciones de amantes justo en ese momento, puras y duras: esta postura me está matando, esta me está encantando, qué quieres hacer, qué grande la tienes, por ahi no… Y es que esto no tiene nada de particular, ni hoy ni a inicios del siglo XVI; por ser medievales o renacentistas si se quiere, no tienen que ser más retóricos, o menos claros, o no hablar. No somos más que ellos, diferentes pero no más.

 
Aunque nos lo parezca, el contenido de los Sonetos de Aretino no cruzan la frontera de la sexualidad medieval y es esto lo más llamativo de ellos. Por ejemplo no hay sexo oral, el pene es el gran protagonista anatómico y el sexo es ante todo de penetración. No son novedosos estos rasgos pues son claros exponentes de su época, aunque no por ello los Sonetos dejan de ser llamativos y provocadores, como la diversidad de juicios y opiniones que se vierten a lo largo de los sonetos sobre el placer anal, ninguno de ellos moral y todos a su vez claros y crudos.

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De violaciones inexistentes y sexo extramatrimonial condenado… también en la Edad Media

Esta última semana varios periódicos nacionales e internacionales se han hecho eco del caso de una joven Noruega que había sido violada en Dubai. Pero la repercusión mediática ha venido porque la víctima ha sido condenada a 16 meses de cárcel. Y es que tras denunciar la agresión el sistema legal de los Emiratos Árabes Unidos se volvió en su contra, condenándola por mantener relaciones extramatrimoniales, consumo de alcohol y falso testimonio. Sexo fuera del matrimonio condenado, bebidas alcohólicas y una violación que se transforma en sexo consentido son motivos más que suficientes para que mi curiosidad hacia todo lo que se parezca a la sexualidad en la Edad Media se ponga en funcionamiento.

 
La noche en que Marte Dalelv fue violada, había estado de fiesta con unos amigos en una discoteca, consumiendo alcohol. Cuando quiso volverse al hotel pidió a uno de sus colegas que la acompañara. Lo siguiente que recuerda es despertarse a la mañana siguiente desnuda en su cama, con signos de haber sido violada. Su primera reacción fue hablar con los responsables del hotel para que llamaran a la policía, a lo que estos respondieron preguntándola si estaba segura de querer involucrar a la policía en esto. Y es que en los Emiratos Árabes Unidos la Sharia es la ley vigente, y para condenar a alguien por violación se necesita la confesión de los dos implicados o el testimonio de cuatro hombres adultos que presenciaran la violación. Por la ausencia de todo esto su agresor no fue condenado por violación pero sí por sexo fuera del matrimonio y consumo de alcohol (que, imagino, fue lo que declaró ante las autoridades). No es la primera vez que me encuentro con sistemas normativos que posibilitan  que una violación pase a ser inexistente, o que las relaciones sexuales mantenidas fuera del matrimonio sean penadas. Evidentemente, todo ello lo he encontrado estudiando la sexualidad medieval.

 
Si estudiamos los fueros de Castilla y de León podemos ver cómo una relación sexual consentida se puede presentar como violación, pero también que una mujer violada no pueda ser creída. En muy pocos de ellos se exige que la supuesta agredida sea examinada físicamente (en busca de golpes y moratones) o/y ginecológicamente, aunque las encargadas del examen sólo puedan aventurarse a decir si la agredida es virgen o no, o si existen heridas y hemorragias detectables a simple vista. Probablemente por estas limitaciones, lo que se suele pedir es que la violada presente una serie de testigos, lo cual puede ser muy complicado si el acto se realizó en una zona despoblada como el campo. Algunos fueros exigen una muestra de dolor pública por la afrenta recibida: arañarse las mejillas, gritar, tirarse al suelo… Y es que se supone que una mujer que no haya experimentado una violación no se atrevería a presentarse así ante sus vecinos, a quedar gravada de este modo en la memoria de estos, a que se desgracia sea pública. No obstante muchas mujeres violadas decidían callar. Las casadas, por ejemplo, temían que si no eran creídas, si las pruebas no eran suficientes o los testigos se ponían en su contra, fueran procesadas por adúlteras. Otro tanto les ocurría a las solteras que pasaban de violadas a consentidoras, enfrentándose así a la furia de sus padres y hermanos y a ser devaluadas en el mercado matrimonial. De víctimas a culpables. Pero la razón más radical para el silencio estaba en una cuestión mental, que en muchas ocasiones la naturaleza femenina se entendía como una naturaleza cegada por la sexualidad, donde la mujer era capaz de consentir y disfrutar de la violación. Hoy en día esta idea todavía está vigente.

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